
Para el descanso de reyes
Las primeras noticias que se tienen del parque
datan de la época de los Reyes Católicos, fundadores del Monasterio de los
Jerónimos, cerca del cual había unos aposentos reales conocidos como "el
Cuarto". Es durante el reinado de Felipe II cuando se concreta el uso de
esta zona como lugar de retiro y recogimiento religioso, de ahí su nombre.
En época de Felipe IV se decide que el antiguo
cuarto se convierta en un Palacio para albergar fiestas, representaciones
teatrales, corridas de toros, etc. De grandes dimensiones, pero con un aspecto
tan poco artístico que recordaba a los cuarteles militares, los diferentes
monarcas fueron cambiando y reformando el palacio del que sólo se conserva el Casón del Buen Retiro, hoy
perteneciente al Museo
del Prado, y que en la época era el majestuoso salón de baile.
Cuando el Alcázar se convierte en cenizas, Felipe
V fijará en este palacio la sede oficial de la Corte hasta que se construya el Palacio
Real. Carlos III, impulsor de la remodelación de toda la zona, ideó
cerrar el espacio con verjas y permitió a los madrileños que accediesen al
parque, previas normas de higiene e indumentaria mínimas.
Durante la invasión napoleónica en 1808, todo el
emplazamiento fue tomado por las tropas francesas y tanto el palacio como los
espacios ajardinados quedaron destruidos. Los posteriores reyes cuidaron el
parterre y los paseos e incluso construyeron algunos pabellones.
El parque de El Retiro que conocemos en la
actualidad está presidido por el monumento a Alfonso XII, situado en el
emplazamiento en el que estaba el antiguo embarcadero de época de Felipe IV. El
monumento fue encargado por la reina regente María Cristina y su construcción
comenzó tras la subida al trono de Alfonso XIII. La obra, de José Grases Riera,
consta de una gran columnata que rodea la estatua del monarca a lomos de su
caballo. Completan el monumental conjunto una serie de alegorías a la patria,
la libertad, la paz, los ejércitos y la marina. En él trabajaron los escultores
más destacados del momento como Mariano Benlliure, Aniceto Marinas o Mateo
Inurria.
Arquitectura efímera
A lo largo de la historia el parque ha contado
con varias construcciones efímeras concebidas para el disfrute de los
paseantes. Es el caso de la Casa de Vacas, construida en 1874 como
vaquería y despacho de leche por el que pasaban madrileños del pueblo, nobles y
reyes a ver las vacas y a disfrutar de un vaso de leche recién ordeñada. Un
incendio devastó el edificio, que fue reconstruido por el Ayuntamiento y
dedicado, en la actualidad, a albergar exposiciones culturales.
También están dedicados a fines culturales los
dos pabellones que Ricardo Velázquez Bosco construyó a finales del siglo XIX:
el Palacio de Velázquez y el
de Cristal, dos de los mejores ejemplos de la arquitectura del hierro
madrileña. El primero fue creado para albergar en 1884 una exposición sobre
Minería y Artes Metalúrgicas, mientras que el Palacio de Cristal acogió,
tres años después, una exposición sobre Filipinas. Concebido como un pabellón
estufa en el que mostrar la fauna de la que por aquel entonces era colonia
española, es el edificio más luminoso y elegante del parque y está construido
casi en su totalidad en hierro y cristal.
Fuentes y jardines
Como cualquier parque que se precie, el del Buen
Retiro cuenta con una serie de fuentes de gran valor artístico.
El parque madrileño atesora en su interior el único monumento dedicado al
diablo que hay en todo el mundo. Está ubicado en la fuente del Ángel Caído
y representa, con firma de Ricardo Bellver, el momento en el que Luzbel es
expulsado del Paraíso.
La fuente de los Galápagos, creada para
conmemorar el nacimiento de Isabel II, es otro de los monumentos más destacados
del parque. Realizado en 1832 por José de Mariategui, tiene tres gradas
adornadas por hojas acuáticas y cuenta con varios surtidores en forma de
galápagos y ranas. Cuatro angelotes, varios delfines y una caracola que corona
el conjunto, completan la fuente. La construcción está cargada de simbologías
que desean a la futura reina larga vida, fecundidad y el mantenimiento de
valores como la rectitud y la sabiduría.
En la Plaza de Honduras del parque se
encuentra otro surtidor muy popular entre los madrileños, el de La Alcachofa,
obra de Ventura Rodríguez. Fue ideada para ser colocada en la Glorieta del
Emperador Carlos V, donde estuvo ubicada hasta 1880 cuando, por obras de
remodelación, fue trasladada a su actual emplazamiento. Se trata de una
alegoría a la primavera, compuesta por una columna, una nereida y un tritón,
con el escudo de armas de la ciudad. Varios niños sustentan el plato sobre el
que se coloca la alcachofa.
Frente a la única parte que se conserva del
Palacio del Buen Retiro, el Casón, se levanta el parterre, un jardín de estilo
francés que data de época de Isabel II. La simetría propia de este tipo de
jardines queda rota con la presencia de dos grandes cedros y del "ciprés
calvo". Este es el árbol más antiguo de Madrid. En realidad no es un
ciprés sino un ejemplar de taxodium, especie procedente de México, que podría
tener más de cuatrocientos años. Testigo de todos los acontecimientos
históricos que vivió la zona en estos años, se dice que las horquillas del
árbol sirvieron a las tropas francesas para asentar los cañones con los que
apuntaban hacia el antiguo palacio
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